abril 12, 2024

Papa Francisco desafía la tradición al lavar los pies en Jueves Santo

Redacción

En un gesto de humildad y compasión, el papa Francisco llevó a cabo el tradicional ritual del lavado de pies durante una misa de Jueves Santo en la prisión romana de Rebibbia; sin embargo, llamaron la atención varios detalles particulares que rompieron con la tradición.

En esta ocasión, el Sumo Pontífice lavó y besó los pies de 12 presidiarias, conmemorando el gesto de Jesús hacia sus apóstoles en la Última Cena.

La prisión de Rebibbia, ubicada en las afueras de Roma, fue el escenario de este emotivo momento, donde decenas de reclusas, guardias, capellanes y funcionarios se reunieron para presenciar la ceremonia en una zona al aire libre de la sección femenina del centro penitenciario, según la agencia de noticias Reuters.

Desde su silla de ruedas, el pontífice llevó a cabo el ritual, lavando y besando el pie derecho de cada una de las mujeres, algunas de las cuales eran extranjeras y se conmovieron hasta las lágrimas durante el acto.

Este gesto simbólico, parte de los actos previos a la celebración de la Pascua, resalta la preocupación del líder religioso por los más desfavorecidos y marginados de la sociedad, así como su compromiso con la humildad y el servicio hacia los demás.

Rompe con la tradición

Francisco es el primer papa en llevar a cabo esta ceremonia fuera de las iglesias, optando por realizarla en lugares como prisiones, residencias de ancianos u hospicios, continuando una práctica que inició durante su tiempo como arzobispo de Buenos Aires.

Además, es el primero en incluir en el servicio a mujeres, ateos, musulmanes y otros no cristianos, rompiendo con la tradición de que solo participaran hombres, normalmente sacerdotes.

Durante la breve homilía, recordó a las presidiarias que cada una de ellas tiene una historia única, pero que el Señor siempre está dispuesto a escuchar y perdonar.

A pesar de recientes problemas de salud, el papa Francisco parecía en forma y se mostró cercano a los presentes, interactuando con los reclusos y saludando a un niño de tres años que vive en la prisión con su madre. / Con información de Reuters